De copas, por Antonio Mérida

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De copas - Antonio Mérida

La noche me invitaba a ser su amante pero mi timidez me gritaba: “Quieto ¿donde vas tu?” Decidí engañarla y rociarla con unas copas. Cuando ya no la escuchaba, dejé de oírme a mi mismo e incluso me olvidé de la invitación que me hizo la noche de ser su amante.

Datos de interés:

El autor nos cuenta que es un aficionado a la fotografía, sobretodo de naturaleza. Aficionado a escribir, de hecho tiene dos libros escritos que no sabe llegará a publicar, además de tener otro empezado. Aficionado a vivir en armonía con la naturaleza. Aficionado a muchas aficiones.

Respecto de la foto Antonio Mérida nos dice fue tomada con falta de luz pero sin poner el flash, lo que hizo que al ser a mano alzada el retardo del disparo sacara la foto movida.

Podéis ver más trabajos de Antonio Mérida en:

Dime mujer…, por Carlos Forcada González (f8estudio)

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Dime mujer... - Carlos Forcada González (f8estudio)

Dime mujer, ¿quien ha surcado así tu rostro?.
Déjame que yo te lo diga ¿fue la guerra, el dolor o fue el odio?
¿quizás fue el hambre, el esfuerzo, el trabajo?
O … simplemente fue la vida.

Datos de interés:

Carlos Forcada nos cuenta que esta foto la hice en un viaje a Turquía en el año 1994, en la Capadocia y que lleva más de 30 años en el mundo de la fotografía. Ha viajado bastante (Turquía, Nepal, India, México, Costa Rica, Cuba, Marruecos, Chile,…) siempre queriendo retratar la realidad de los países en los que ha estado.

Actualmente ha abierto un estudio de fotografía en Tudela (Navarra) y espera poder vivir haciendo lo que realmente le gusta: fotos.

Podéis ver más trabajos de Carlos Forcada González en su página web:

El banco, por Lady Smirnoff

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El banco - Lady Smirnoff

Nunca me gustaste: ni como amigo, ni como hombre, ni como persona, ni como nada. Tú, lejos de fascinarme o causarme curiosidad, me inquietabas y para mal. Había algo de perverso y maligno en ti; sin embargo, lo que más escozor me producía era tu abrumadora soledad que te acompañaba como un fantasma triste y melancólico por todas partes.

Te veía y era capaz de palpar tu desolación y eso me conmovía. Por eso aceptaba acompañarte al mirador a estudiar.

Llevabas tus mil libros de medicina y yo mi música. Te sentabas en una esquina del banco de siempre y yo ocupaba el resto, con mi cabeza en tus piernas y mi cabello como un manto desordenado caía sin ataduras sobre ellas. En esos únicos momentos, no sentía tu soledad, que de repente se había llenado de luz. Dejabas de ser perverso y maligno y eras casi dulce, casi tierno, casi desvalido.

Pero todo  el infierno volvía cuando apoyabas tu mano sobre mi cabeza e impartías la orden: ”Volvamos a casa”. Yo obedecía, no por buena educación, sino porque sentía el fatal peso de tus abismos y quedaba totalmente vencida.

Te repito que nunca me gustaste, solo esas contadas veces cuando en el banco del mirador te volvías otra persona, desprovista de maldad que, lamentablemente, siempre supe innata.

Datos de interés:

Podéis ver más trabajos de Lady Smirnoff en su página web:

Pluma azul, por Beatriz Peña

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Pluma azul -Beatriz peña

Recogí la pluma azul del suelo, que me dejó aquel pequeño pájaro azul, que se fue volando cantando, diciéndome que la guardara bien, pues volaría con él, en un santiamén.

Datos de interés:

 Si queréis ver más trabajos de esta autora podéis hacerlo en los siguientes enlaces:

Kinestesia, por Lady Smirnoff

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Kinestesia - Lady Smirnoff

Desde lejos se percibe su desorden, su genio y el alma de nostalgia que lleva escondida en la risa. Entre el ruido y la gente la ve. Desde lejos, incluso, se percibe su orden, su seriedad y el alma edulcorada que lleva escondida en la mirada.

Ella parpadea lentamente. El chico se acerca con su desorden, genio y nostalgia. Cuando están frente a frente, él le retira con delicadeza el cabello de los hombros. Esconde sin permiso su cabeza y la fiesta de sus rizos en el hombro de la muchacha. Los brazos, apresan la cintura, la espalda. Al principio es un abrazo tierno. Después amolda mejor su cuerpo y se pega completamente al de ella. Ese abrazo, ya no tierno, ya no tímido, es más bien necesitado, urgente. Se entierra literalmente en el cuerpo ajeno y ella sólo atina a acariciarle la espalda con cierta firmeza. Que la sienta y que tal vez sienta también su ternura.

La chica respira hondo y él se separa, lento, silente. Es entonces cuando ella lo imita y entierra a su vez la cabeza en su hombro y se queda detenida en el hueco cálido que se forma entre el cuello y ese hombro.

Antonio, salido de la nada, aplaude. La chica se separa del muchacho y se da la vuelta, sonrojada. ‘’Linda pareja’’, dice Antonio, irónico, lo que delata su envidia. ‘’Hay mucha paz entre ustedes’’, continúa con un tono más letal aún. El muchacho sonríe una media sonrisa. Antonio finaliza con una imagen bucólica: ‘’Me los imagino en el campo’’ y el chico replica un ‘’sí, sí, entre ovejas y vacas’’ y hace una reverencia, a modo de burla, propia de su genio. Antonio lo ve alejarse y cuando ya lo pierde de vista, se acerca a la chica. ‘’¿Vamos?’’. Ella levanta la mirada y toma sin ganas la mano de Antonio. Se abren paso entre la gente, el ruido, la noche.

Ambos se quedan minutos detenidos por la muchedumbre que atesta el lugar. En medio de aquella congestión, ella siente como lleva aquel abrazo urgente y necesitado aún pegado al cuerpo. Se da la vuelta suavemente y ve al chico mirándola desde lejos. Percibe su desorden, su genio, su alma de nostalgia que lleva escondida en la risa. Él sonríe complacido, ella atina a devolverle la sonrisa, antes de irse del todo, de la mano de Antonio que la obliga a seguirlo. Baja la vista y lo sigue, como siempre, desde que se conocieron.

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Podéis ver más trabajos de Lady Smirnoff en su página web:

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