
A veces me observo en la distancia a través de unos ojos cansados y mi cuerpo se difumina y se transforma. Creo reconocer formas futuras, formas que me dan miedo, siempre oscuras, delgadas, óseas. Formas que me recuerdan de que estamos hechos. Hechos de materia perecedera, de lo orgánico etéreo.
Solo deseo que cuando llegue el momento, ese que a veces veo, ese al que temo por desconocerlo, me permita conservar lo que más quiero, el pensamiento.
El poder oírme como ahora cuando escribo, sin más que eso, solo mi pensar. Sin luces ni sombras, sin nada ni nadie, solo el pensar, mi esencia de haber sido, de ser.
El pensar, si, algo intangible, invisible, propio, íntimo, indivisible, único.
Quiero solo eso, conservar el pensamiento.
Por eso, cuando me veo en la distancia, borroso y casi muerto, pienso, me hablo y me siento. Y quedo tranquilo que será siempre así, y pierdo los miedos a dejar de ser, de existir en esa imagen.
Datos de interés:
Cormoran nos cuenta que el protagonista de la foto es un buen amigo suyo al que agradece su colaboración.Lo demás es algo que supone nos pasa a todos. Podéis ver más trabajos del autor en las siguientes páginas webs:




